Por fin llega la entrada que todos votasteis. Estoy muy contenta de poder compartir con todos vosotros la historia de cómo conocí a Arwen, una historia muy bonita y especial, y como me pedisteis «la versión larga» quiero hablaros primero de Charlie, y de un pequeño viaje que hice con mi pareja, para que así entendáis un poco mejor la importancia de que Arwen llegara en esos momentos.
Charlie.
Charlie era mi primer perro, un precioso mix de fox terrier y caniche al que adoraba. Llegó a casa cuando yo era muy joven y pasamos 17 largos años juntos, hasta que un tumor que le hizo metástasis en el corazón se lo llevó. Fueron días muy duros, pero pude estar ahí para cuidarle y despedirme de él.

Prácticamente me crié con él, fue un apoyo enorme en mi vida, sobre todo en la adolescencia, pues sufría acoso escolar, y cuando llegaba a casa solo quería abrazarle. Así que… Sí, su pérdida me afectó más de lo que imaginaba que me afectaría. Tuve mucho apoyo, sobre todo de mi pareja y mi familia, pero no podía evitar sentir un vacío enorme, así que al cabo de unos meses, decidí que estaba lista para abrirle mi corazón a otro perro, pero mi madre no. Ella siempre ha tenido pánico a los perros, y aún así siempre respetó mi amor hacia ellos, lo suficiente como para brindarle amor a Charlie todos esos años. Nunca lo tocaba, pero no sabéis cómo se querían, ella le daba premios, le traía regalos, y él siempre se lo agradecía moviendo la colita y manteniendo las distancias, es por eso que mi madre no quería otro perro, ella pensaba que nunca llegaría a tener ese entendimiento y esa confianza que tenía con Charlie, así que su decisión fue difícil para mí.
El viaje donde, sin querer, predije mi futuro.
Mi pareja y yo nos fuimos de viaje a Cuevas del Becerro, un pueblito de Málaga, fuimos el mismo verano que se fue Charlie, porque él necesitaba verme más animada, y yo necesitaba cambiar de aires, así que nos alojamos en un pequeño hotelito rural. Eran varios bungalows en mitad del campo, y allí la gente llevaba a sus perros (ya no dejan, una pena). Eso despertó un poco mis ganas de tener otro amigo, pero no fue hasta que dimos una vuelta por el pueblo que me enamoré de Cadete, un precioso border collie blanco y negro. Siempre me han gustado los border collies, pero ese perrete hizo que me gustaran aún más. «Cuando tengamos nuestro pisito y vivamos juntos, tendremos un border collie, pero de esos blancos y marrones.» Le decía yo a mi pareja sin tener ni idea de lo cerca que estaba ese momento.

Volvimos del viaje y me sentí con más fuerza para volver a la rutina. En aquél entonces iba de voluntaria al santuario Cyd Santa María, un lugar hermoso donde descansan los restos de Charlie. Allí me dedicaba a cepillar caballos que habían sido abandonados o maltratados, es un sitio donde una vez entran, ya no salen, se quedan ahí para ser felices el resto de sus días. Nos llevaba una buena amiga, Mónica, el hada madrina de esta bonita historia y quién hizo posible que Arwen llegara a nosotros, eso sí… Con una «pequeña ayudita» de Fahala.
Fahala.
Y aquí es donde empieza mi camino hacia Arwen, pero claro, yo no tenía ni idea de lo que me esperaba. Como todos los sábados, Mónica nos recogía en mi casa a Joselu (mi pareja) y a mi, y nos llevaba en coche hasta el santuario. Dicho lugar, una vez estás llegando, tiene un caminito sin asfaltar que es todo campo, donde desgraciadamente hay numerosos perros abandonados, fue justo al entrar dónde una preciosa perra de aguas, a la cual la habían «esquilado», dejando ver su piel llena de ronchas, nos esperaba mientras se comía un hueso podrido.

Mónica, que tiene su pequeño «Arca de Noé» en casa, no dudó en acogerla, pero yo desde ese instante sentí un fuerte vínculo con esa perrita, a la cual llamamos «Fahala». Una vez la llevamos al veterinario, descubrimos que tenía erlichia y anaplasma, dos enfermedades que transmiten las pulgas y garrapatas, eso sin mencionar su patita rota mal soldada, que no la impedía levantarse y caminar. Os juro que era la perra más fuerte que he visto nunca.
Luché y luché para quedarmela, discutí con mi madre, lloré… Pero ella no quería, y era lógico, siempre había respetado mi pasión por los perros, hasta el punto de abrir su corazón durante 17 años a uno, ahora me tocaba respetarla a mí, pero es que sentía tal conexión con Fahala, que me resultaba imposible pensar que no podíamos estar juntas.
Finalmente se quedó con Mónica, y ella me hizo partícipe de todos los acontecimientos de la perrita, fue muy bonito compartir esos momentos con ella, sobre todo, el día en el que nos enteramos de la existencia de cinco individuos más.
«El Huevo Kinder».
Fahala era feliz. Con sus antibióticos y los cuidados de Mónica y su bonita familia, se puso preciosa. Le creció el pelo, y… Engordó. Quizás demasiado, pero claro, era lógico, la señorita robaba hasta la comida de los gatos.
Un día, Mónica me dijo que la acompañase al veterinario. Tenía que llevar a Fahala para controlar el tema de sus dos enfermedades, es entonces cuando, de manera repentina, Fahala se hizo pis en la mesa del veterinario.
Era como si no hubiese podido aguantarse, así que, ante este hecho, el veterinario decidió hacerle una ecografía… Y ahí estaban, cinco cachorretes a los cuales les quedaban poco para nacer. La vuelta a casa fue mítica, Mónica estaba desesperada, y no paraba de repetir: «Madre mía, Fahala… El huevo Kinder.»

¿Suerte o el destino?
Desde la llegada de Fahala, nuestra vida comenzó a cambiar y dar giros impresionantes, como si el destino nos estuviese preparando. Joselu encontró un trabajo, y tenía la idea de avanzar, conseguir un contrato mejor y poder alquilar un apartamento, yo a veces soñaba que Fahala traía sus cachorritos al mundo y me quedaba con uno de ellos. Obviamente esto era imposible, primero porque los cachorritos de mi sueño eran border collies, el que yo me quedaba concretamente era una hembra blanca y marrón, cosa impensable ya que Fahala era una preciosa perra de aguas blanca. Segundo, porque mi madre ya me había dejado claro que en casa no iba entrar ningún otro perro.
Pero nacieron los cachorros, y ahí estaba ella, la primera en nacer, una preciosa bolita blanca y marrón. Cuando Mónica me mandó la foto de los cinco cachorros (que por cierto nacieron fuertes y sanos a pesar de los antibióticos que había tomado Fahala antes de descubrir que estaba embarazada), automáticamente le dije que me quedaría uno, y es que no había duda de que debía de luchar por ella, por Arwen.

Y bien… No sabíamos donde la iba a meter, a veces mi madre parecía que iba a ceder, pero luego la respuesta era siempre la misma. Mi chico se mostró muy comprensivo pese a que mi idea guiada por un sueño era totalmente descabellada, así que, para rematar, decidimos hacer algo que parecía imposible; con un contrato de apenas unos meses y media jornada, buscaríamos un estudio en Benalmádena que admitiese perros, obviamente no teníamos muchas esperanzas, pero había que intentarlo.
Arwen iba creciendo, y cada vez se parecía más a un border collie, sobre todo, al pequeño cachorro de mis sueños (luego le cambió el pelo, pero en aquel entonces era igualita). Me puse a indagar un poco, y entonces me acordé de Fahala. La habíamos visto más de una vez, pero al tener el pelo tan corto, no la habíamos reconocido.

Fahala fue la perra de un pastor que siempre estaba en el camino hacia el santuario, nos llamaba mucho la atención porque, debido a su pelaje, se camuflaba entre las ovejas, y nos resultaba bastante graciosa. A este pastor también lo habíamos visto con varios border collies, entre ellos uno con los colores de Arwen, así que sí, nos quedaron clara dos cosas: Que Arwen, efectivamente, era mezcla de border collie y perro de aguas, y que ya sabíamos quien era el impresentable que abandonó a Fahala enferma, embarazada y con la pata rota.
En fin, nosotros seguíamos con nuestro «objetivo» y tras semanas y semanas llamando y recibiendo negativas, una mujer que alquilaba un diminuto estudio al lado de la playa se apiadó de nosotros, así que, pese a que Joselu tenía un contrato donde ponía que ganaba menos de lo que había que pagar por el alquiler mensual, y a sabiendas de que íbamos a meter una pequeña bolita demoledora de muebles, aceptó. Ya os digo, yo creo que el destino estaba haciendo de las suyas…
Arwen por fin en casa.
Fue un 31 de diciembre cuando ayudé a Joselu a trasladar todas sus cosas. Quedamos en que todos los días yo iría a cuidar de Arwen mientras él trabajaba, por las noches me llevaría a casa y los fines de semana me quedaría a dormir. Mónica, como ya mencioné antes, fue nuestro hada madrina. Pagó la primera vacuna, la cartilla y el microchip de Arwen, además nos regaló una camita de trapillo rosa que había hecho ella con sus propias manos (y que Arwen destrozaría más adelante) y el 4 de enero, nuestra cachorrita de poco menos de dos meses estaba en casa.

Obviamente ya me conocía, yo estuve visitandola, e incluso nos quedamos una noche de canguros con los cachorros. Además la trajimos al estudio dos tardes para que se acostumbrase, y fue cuando en el último camino de vuelta empezó a llorar, como si no quisiese volver y separarse de nosotros, entonces pensamos que ya estaba preparada para que la tercera vez fuese la definitiva. La primera noche la pasó genial, no lloró, durmió con nosotros y por la mañana aprendió a hacer sus cositas en el empapador. Siempre fue muy inteligente.
Y vivieron felices.
Lo que en principio era quedarme a dormir de viernes a domingo, comenzó a ser de viernes a lunes, después de jueves a lunes, y el resto de la semana me iba súper tarde del estudio, hasta que, en verano, me quedé todos los días a dormir. Finalmente nos dimos cuenta de que estábamos viviendo juntos, y un año después nos mudamos a donde vivimos actualmente.

Seguimos al lado de la playa, pero está vez en un apartamento con un patio donde a Arwen le encanta tomar el sol. Y sí, fueron decisiones arriesgadas, pero como se suele decir:
«QUIEN NO ARRIESGA, NO GANA.»
Y nosotros, sin duda alguna, hemos ganado.

Espero que os haya gustado nuestra historia, y que hayáis disfrutado leyéndola tanto como yo lo he hecho escribiendola. Muchas gracias a todos los que nos leéis y apoyais con nuestro blog. Un súper abrazo. ❤️
¡Hasta pronto cosas GUAUpas!
